Cada vez más trabajadores tienen más de una ocupación. En 2025, el 11,5% de los ocupados tenía dos o más empleos, casi tres puntos más que en 2017, cuando esa proporción era de 8,7%. Es el registro más alto de la serie, junto con el de 2024.

Pero el crecimiento no responde a una única realidad. Un informe elaborado por C-P Consultora en colaboración con la Fundación Ebert, sobre la base de datos de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) del INDEC, distingue entre un pluriempleo tradicional —más habitual en Educación, Salud y servicio doméstico— y otro más reciente, asociado a la necesidad de generar ingresos adicionales o a nuevas formas de organizar el trabajo.
El segundo grupo representa el 48% del pluriempleo y es el que concentra las jornadas más extensas. Sus trabajadores tienen, en promedio, 49 horas semanales, frente a las 36 horas del grupo tradicional y las 37,5 horas de quienes tienen un solo empleo. Más de la mitad de los pluriempleados emergentes trabaja más de 45 horas y 22% supera las 60 horas semanales.
Quiénes necesitan sumar otro ingreso
Dentro del pluriempleo emergente aparecen dos perfiles. Por un lado, trabajadores con mayor nivel educativo y calificación, vinculados a sectores como servicios profesionales y técnicos, finanzas, información y comunicaciones y arte y entretenimiento. En estos casos, el segundo trabajo puede estar relacionado con la diversificación de ingresos, el trabajo freelance o la búsqueda de mayor flexibilidad.
El otro grupo tiene un perfil diferente: reúne trabajadores con menores niveles de calificación e ingresos relativos y tiene una fuerte presencia en sectores como industria, administración pública y hoteles y restaurantes. Representa el 63% del pluriempleo emergente y trabaja 50 horas semanales en promedio.
La diferencia también aparece en la educación. En el segmento de mayor calificación, el 60% tiene estudios superiores completos y el 71% son profesionales o técnicos. Entre los trabajadores del segundo grupo, esos porcentajes bajan al 31% y 27%, respectivamente. También es mayor la informalidad: alcanza al 39%, frente al 30,5% entre los trabajadores de mayor calificación.
El informe plantea que estas diferencias permiten observar dos motivos detrás de la expansión del segundo empleo. En los sectores de mayores ingresos relativos aparece con más fuerza la búsqueda de flexibilidad y la posibilidad de combinar distintas fuentes de trabajo. En los segmentos de menores ingresos, en cambio, el segundo empleo aparece vinculado a la necesidad de compensar la caída del ingreso principal.
Ese grupo, justamente, fue el que más impulsó el crecimiento del fenómeno. Entre 2017 y 2025, el pluriempleo emergente de “cuello azul” (tareas manuales o físicas) aumentó 77% en cantidad de personas y explicó 53% de la variación total del pluriempleo durante esos años. El segmento de “cuello blanco” (administrativos o profesionales) también creció con fuerza, un 91%, aunque sobre una base menor.
La otra mitad del fenómeno tiene una lógica distinta. El pluriempleo tradicional representa el 52% del total y está concentrado en educación, salud y servicio doméstico, actividades donde es más frecuente combinar ocupaciones por la propia forma en que se organiza el trabajo.
En este caso, se registró que el 77% son mujeres. También tiene una estructura de mayor edad. En este grupo, además, el 56% trabaja menos de 40 horas semanales y solo el 26% supera las 45 horas.
La diferencia con el pluriempleo emergente es, entonces, también una diferencia de intensidad. Mientras que en el tradicional tener más de un trabajo puede responder a cómo están organizadas determinadas actividades, en el emergente aparece con mayor frecuencia la necesidad de agregar horas e ingresos.
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