La memoria es implacable, y en Mendoza el archivo se volvió un espejo incómodo para la dirigencia. En menos de una década, los principales referentes políticos cambiaron de aliados, de discursos y hasta de convicciones. Lo que antes se defendía con fervor, hoy se cuestiona; lo que se rechazaba, ahora se apoya. El pragmatismo, más que las ideas, parece ser la nueva bandera.
El caso más reciente es la Ley de Zona Fría, que expuso contradicciones notorias. En 2021, la mayoría de los diputados mendocinos acompañó la ampliación de los subsidios al gas. Cinco años después, gran parte de ellos votó a favor del recorte impulsado por el gobierno de Javier Milei, del que son aliados. Entre ellos, Luis Petri y Pamela Verasay, quienes apoyaron la norma en su momento y ahora avalaron su eliminación. La reforma dejaría sin beneficio a más de 400 hogares, lo que hace un aproximado de 1 millón 200 mil usuarios mendocinos damnificados, manteniendo el descuento -en nuestra provincia- solo para Malargüe.
El PRO mendocino también es ejemplo de giros políticos. Nació junto a Cambia Mendoza en 2015, con Alfredo Cornejo y Omar De Marchi como socios incómodos. Años después, De Marchi rompió filas y lideró La Unión Mendocina, pero tras su paso por Aerolíneas Argentinas y su acercamiento al libertarismo, volvió a coincidir con Cornejo. En ese vaivén, dirigentes como Gabriel Vilche y Álvaro Martínez alternaron entre la oposición y el oficialismo, dejando al PRO sin rumbo definido.
La diputada Lourdes Arrieta protagonizó otro viraje vertiginoso: llegó al Congreso como referente libertaria y defensora de Milei, pero terminó denunciando corrupción en La Libertad Avanza y criticando al propio presidente, aunque aún acompaña algunas votaciones clave.
El peronismo mendocino, por su parte, se alejó del kirchnerismo duro y busca reconstruir una identidad local, más moderada y centrada en la gestión. Intendentes que antes se mostraban junto a Cristina Fernández hoy evitan esa identificación, convencidos de que el sello kirchnerista tiene poco margen en Mendoza.
La política provincial parece haber entrado en una etapa de identidades líquidas, donde las fronteras entre radicales, macristas, libertarios y peronistas se diluyen. Las convicciones duran menos que las necesidades electorales, y las diferencias se subordinan a una lógica simple: la supervivencia del poder.
Condensado de la nota de Laura Fiochetta para MDZ

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